Sus obras están llenas de formas geométricas que se entrelazan y se esparcen por el cuadro, colores tan parecidos en ocasiones a la realidad como irracionales y la aparición de objetos simbólicos y llamativos (como las casas de pájaros gigantes que coronan gran parte de sus cuadros). Además introduce una serie de monigotes que parecen ser hechos al azar, sin embargo a su vez dan sensación de minuciosidad. Esto lo consigue mediante el dibujo automático. Inconscientemente mueve la mano, sin prever la figura que pueda aparecer, y a continuación lo repasa con acuarela con el mayor mimo posible.
Sus cuadros causan sensaciones dispares: control y descontrol, realidad y ficción, iconicidad y abstracción...
En su etapa más negra, tras la muerte de tres familiares muy cercanos, en especial la de su hermano, el color negro y la muerte predominan por encima de todo. Contrastes de este negro y colores fuego o llenos de fuerza crean una atmósfera terrible, sofocante y triste.
La explicación que recibimos de cada cuadro fue muy interesante, y gracias a ello pudimos comprender muchísimas cosas que pasarían desapercibidas si no fuese el caso.
Con el final de la visita acudimos a una sala donde se nos propuso hacer dos cuadros que siguiesen los patrones parecidos a los realizados por Mon Montoya.
Este es el mío, una representación a mi manera de Segovia. A la izquierda la Catedral, y recorre las calles hasta la plaza de Las Sirenas, a la derecha.
En general esta exposición se merece un 10. De verdad que fue un gustazo poder conocer el mundo de Mon y si tenéis ocasión recomiendo la visita sin tapujo alguno.
¡Un saludo y hasta la próxima!

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