Desde
hace años se lleva viendo una relación entre la razón y la emoción y es en
nuestros días donde esta combinación se hace más notoria. Los publicistas y
mercadólogos son los mayores exponentes de que esto ocurra, combinan tanto
diálogos originales e impactantes como imágenes o situaciones que nos producen
todo tipo de sentimientos: rabia, risas, tristeza, indiferencia…
Se sabe
que todo va ligado a los sentimientos, y que son estos mismos los que nos hacen
actuar. Las ideas por sí solas no logran que nos movamos, sino el sentimiento
que estas producen. Por lo tanto los publicistas tienen que crear sentimientos
en el espectador para que actúen, es decir, para que compren o actúen de
determinada manera. El sentimiento que mueve a la gente en este caso es el
deseo, inconsciente, un sentimiento repentino que se ansía calmar cuanto antes.
Por lo tanto en la publicidad prefieren utilizar la emoción, generar
sentimientos en el espectador antes que utilizar la razón, pues son mucho más
efectivos.
La DGT
en este caso hace un trabajo espléndido. Desde los años 60 han ido evolucionando a unos anuncios más emotivos
e impactantes, que crean sentimientos en el espectador que lo hacen reflexionar
y sopesar la diversión y la indiscreción con el respeto y la responsabilidad.
En sus
primeros anuncios abundaba la información, con inocentes carteles de
advertencia y simpáticos dibujos que advertían de los peligros de la
conducción, sin embargo estas campañas tan débiles fueron reforzándose. Sobre
los años 70 se hicieron un poco más gráficos, pero aún utilizando la animación.
En los 80 el realismo sobrepasa a la animación, y se añade la aparición de famosos,
, pero es en los 90 donde la
crudeza se hace incluso polémica. Imágenes sobrecogedoras que despiertan temor
y miedo y testimonios de afectados que llevan a pensar al espectador que quizás
sea demasiado radical mostrar las escenas que reproducen en sus spots. Sin
embargo se demuestra que los sentimientos que despertaron hicieron que la
población reconsiderase los peligros de la carretera, anteriormente más
desapercibidos por la simpleza e incluso por la simpatía de los primeros spots.
Por último en la década del 2000 se realizan los spots más realistas. Ya se han
dejado atrás las animaciones y las flojas advertencias, y ahora varían entre el
realismo con temática dura, explícita y sobrecogedora en la que resaltan el
amor familiar a spots más calmados pero que con un diálogo que hace
reflexionar.
Está
muy demostrado que la razón en los anuncios no sirve de mucho si no se llega a
la emoción de los espectadores, que perdure en la memoria y despierten
sentimientos para actuar como se pretende.
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