viernes, 19 de abril de 2013

Razón y emoción y su relación con la DGT.



Desde hace años se lleva viendo una relación entre la razón y la emoción y es en nuestros días donde esta combinación se hace más notoria. Los publicistas y mercadólogos son los mayores exponentes de que esto ocurra, combinan tanto diálogos originales e impactantes como imágenes o situaciones que nos producen todo tipo de sentimientos: rabia, risas, tristeza, indiferencia…

Se sabe que todo va ligado a los sentimientos, y que son estos mismos los que nos hacen actuar. Las ideas por sí solas no logran que nos movamos, sino el sentimiento que estas producen. Por lo tanto los publicistas tienen que crear sentimientos en el espectador para que actúen, es decir, para que compren o actúen de determinada manera. El sentimiento que mueve a la gente en este caso es el deseo, inconsciente, un sentimiento repentino que se ansía calmar cuanto antes. Por lo tanto en la publicidad prefieren utilizar la emoción, generar sentimientos en el espectador antes que utilizar la razón, pues son mucho más efectivos.



La DGT en este caso hace un trabajo espléndido. Desde los años 60  han ido evolucionando a unos anuncios más emotivos e impactantes, que crean sentimientos en el espectador que lo hacen reflexionar y sopesar la diversión y la indiscreción con el respeto y la responsabilidad.
En sus primeros anuncios abundaba la información, con inocentes carteles de advertencia y simpáticos dibujos que advertían de los peligros de la conducción, sin embargo estas campañas tan débiles fueron reforzándose. Sobre los años 70 se hicieron un poco más gráficos, pero aún utilizando la animación. En los 80 el realismo sobrepasa a la animación, y se añade la aparición de famosos,



, pero es en los 90 donde la crudeza se hace incluso polémica. Imágenes sobrecogedoras que despiertan temor y miedo y testimonios de afectados que llevan a pensar al espectador que quizás sea demasiado radical mostrar las escenas que reproducen en sus spots. Sin embargo se demuestra que los sentimientos que despertaron hicieron que la población reconsiderase los peligros de la carretera, anteriormente más desapercibidos por la simpleza e incluso por la simpatía de los primeros spots. Por último en la década del 2000 se realizan los spots más realistas. Ya se han dejado atrás las animaciones y las flojas advertencias, y ahora varían entre el realismo con temática dura, explícita y sobrecogedora en la que resaltan el amor familiar a spots más calmados pero que con un diálogo que hace reflexionar.



Está muy demostrado que la razón en los anuncios no sirve de mucho si no se llega a la emoción de los espectadores, que perdure en la memoria y despierten sentimientos para actuar como se pretende.

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