Basilio Martín Patino
Expertos del flamenco discuten acerca de si es Silverio o no el de la cinta, sin llegar a conocer una respuesta.
Fuese o no la de Silverio el señor Eitichi es el propietario de las cintas, y está realizando un museo digital que contiene fragmentos del flamenco, que cuentan la historia y transmiten el alma de este arte.
Es entonces cuando el documental se centra en el espíritu y los sentimientos del flamenco ¿Puede una máquina transmitir los mismos sentimientos y el mismo espíritu imbuido en el canto, o por el contrario solo el directo puede conseguirlo?
Varios cantaores de flamenco y flamencólogos exponen su opinión acerca del tema. Piensan que una máquina jamás lograría equipararse a lo natural, a la voz en directo, que llega a transmitir mucho más que a través de los fríos cables que elaboran esas voces artificiales. De entre estas personas los más clásicos y conservadores no entienden por qué los japoneses intentan "arrebatarles" lo que es suyo. El flamenco cuenta las historias de Andalucía y sus sentimientos, y es algo que los japoneses no pueden ni entender ni mucho menos recrearlo. Los más liberales defienden que esto pueda hacerse. Sí es verdad que pierde fuerza, sin embargo es otra manera de transmitir lo mismo, y mucho mejor si es a otros países. Lo único que no defienden es el playback.
El señor Eitichi por su parte piensa que la máquina puede recoger la canción y llegar casi a transmitir lo mismo, sin embargo reconoce que igualar el directo es imposible. Este hombre japonés, amante de la música nacida de Andalucía, pretende acercar a su tierra esta cultura tan alejada a la suya. Él no pretende robar cultura, ni intentar copiarla, simplemente hacer que se conozca, y así poder transmitir lo que él siente al escucharla.
El documental es interesante, poco entretenido he de decir, y por mal que pueda parecer no volvería a verlo una segunda vez. El lento recorrido del reportaje y la mala calidad del sonido (sobre todo cuando los japoneses intentan hablar español con un acento muy cerrado y casi inentendible), hacen de la proyección una aburrida lección de qué es mejor, si la naturalidad o la tecnología.
Por mi parte me quedo con la naturalidad, pero sin desprestigiar un ápice la tecnología, siempre dispuesta a ofrecernos cualquier contenido cuando, como y porque queramos

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